El Capitán del equipo
Cuando empecé a jugar a los dardos en equipo -hace poco más de un año- pensaba que las funciones (o mejor dicho, las obligaciones) del capitán se limitaban básicamente a cumplir con tres objetivos:
a) decidir los cambios de jugadores durante un partido de liga
b) firmar las actas de los partidos
c) contactar con el capitán de los equipos adversarios para acordar amistosos aplazamientos de encuentros a causa de puntuales incidencias.
Me parecía que para ejecutar estos pasos no se requería poseer una gran preparación o dotes especiales, tan sólo éra necesario tener veteranía o ser el mejor jugador del equipo en el sentido esctricto del juego, es decir, el que mejor lanzaba y puntuaba; el que más aciertos obtenía siempre.
El tiempo, los partidos, conocer capitanes y las vivencias me han servido para reconocer lo equivocado que estaba respecto a la aparentemente sencilla labor de un capitán y sus cualidades darderas. Cambiar un jugador durante un partido, contactar con otro capitán o firmar un acta conlleva una responsabilidad que pesa más que la imagen de privilegio y poder que envuelve a la figura de un capitán.
En su horizonte no sólo se dibujan las siluetas de estos tres deberes básicos. Hay más, mucho más que un simple protocolo administrativo, existe todo un entramado de conductas, actitudes e iniciativas cuyo objetivo principal es la consecución y mantenimiento de una hegemonía, cohesión y equilibrio que contribuyen al crecimiento de la efectividad del equipo.
Es de admirar los capitanes que son capaces de influenciar positivamente sobre determinadas conductas de sus jugadores, consiguiendo de este modo una mayor eficacia tanto en el rendimiento general del equipo como en el individual de cada jugador. Otra virtud estimable es la capacidad del capitán para resolver eficazmente las situaciones conflictivas que pudieran originarse en el transcurso de una competición. Ni siquiera el deporte de los dardos está exento de situaciones indeseables, situaciones que por otra parte, son valiosísimas oportunidades para desplegar el código ético, el conocimiento de las Normas escritas o no escritas y hacer emerger la capacidad personal para resolver un conflicto de forma positiva, con criterio, canalizando las tensiones y controlando no sólo sus propias emociones, sino también las del resto de los jugadores. Un capitán se gana el respeto haciendo gala de una conducta ejemplar, entre otras cosas.
¿ Y que hay acerca de los conflictos interpersonales de un equipo ?, ¿ qué papel juega aquí el capitán ?. Bajo mi punto de vista y sin querer caer en la utopía ni desparramar filosofía de saldo, el rol del capitán en estas situaciones debería ser determinante. Está claro que un capitán tal vez no tenga las suficientes atribuciones o entidad para resolver un conflicto estrictamente personal entre dos o tres miembros de su equipo, máxime si la naturaleza de las divergencias proceden de un entorno exterior ajeno al equipo, pero sí con las consecuencias que pudieran afectar a la disciplina y heterogeneidad del grupo, dado que las tensas relaciones interpersonales podrían llegar a poner en peligro todo el equilibrio de una armonía colectiva. Del mismo modo que un capitán nunca jamás debería crear discordias o discriminaciones entre los propios compañeros, también debería ser capaz de resolver cualquier conflicto o situación crítica que pudiese dañar al conjunto de los jugadores. El rival más duro y peligroso es la propia inestabilidad emocional de un equipo, y el capitán debería ser lo suficientemente sagaz como para bloquear las emociones negativas de los jugadores durante una competición o entrenamiento.
Cierto es que muchas de las decisiones tomadas por un capitán no suelen gozar de una popularidad extrema; sobre todo en lo que se refiere a los cambios de jugadores en el transcurso de un partido. A nadie le agrada ser substituido, a nadie le gusta calentar banquillo, sea en los dardos como en el fútbol. También es cierto que el grado de aceptación de las decisiones depende mucho del nivel de juego de los equipos y de la mentalidad de los propios jugadores. La visión de juego no es la misma para un equipo de alto nivel que para uno que empieza. Sea cual sea la situación, creo que el sentido común y la coherencia debe permanecer inalterada en el espíritu del capitán.
También es cierto que cuando el cielo está despejado y el barco va viento en popa, el capitán al igual que los marineros gozan y disfrutan de la majestuosa calma y feliz travesía que representa ir en la primera posición de la tabla, pero ¡ ay cuando llega el mal tiempo y el barco está que zozobra ! ¿ tendrá la culpa el capi ?
¡ Hasta la próxima ¡
Miguel Angel

