¡Métete en la partida compañero!
Sabiendo la cantidad inmensa de información que podría encontrar y ante las dudas que me asaltarían los términos y/o conceptos nuevos o pocos familiares para un paciente, decidí acotar la búsqueda a lo que yo consideraba el mal de todos mis males: La pérdida de concentración.
Mi empeño por mantener y mejorar la dinámica de mi juego así como la curiosidad por conocer los orígenes de tan singular comportamiento junto a la necesidad de encontrar respuestas me llevaron a conocer a numerosos autores, libros, ensayos y artículos. Horas y horas de provechosa lectura, ¡cualquiera diría!, ¡ni que los dardos fuesen la fuente de mi existencia!, ¡a ver si resulta que ahora, en vez de invertir mi tiempo en leer los extractos bancarios, me dedico a una comprometida lectura de todo aquello que hasta hace poco se encontraba lejos de mi universo!. A la vejez, viruelas, como decía mi abuela.
El caso es que al final encontré aquello que buscaba y decidí llevar a la práctica el modelo que propone Robert Nideffer (1976) sobre la atención y el consiguiente rendimiento personal, evidentemente aplicado a mi propia experiencia en cuanto al desorden que produce la falta de concentración en el juego de los dardos.
Nideffer propone un modelo teórico por el que establece la existencia de dos dimensiones respecto al proceso de focalizar la atención: la amplitud y dirección.
La amplitud: Es la cantidad de información que un jugador de dardos puede llegar a recibir cuando se aproxima a la línea de lanzamiento y se subdivide según el grado y dirección de los estímulos: estrecha y ancha. Digamos que la amplitud ancha corresponde a toda la información que nos llega del local donde estamos disputando la partida y la estrecha se centraría más en la que nos llega de lo más cercano a nosotros. Aquí se trata de entrenar nuestra capacidad de focalización para aprender a distinguir o discriminar aquella información que en el momento de lanzar no nos puede ser efectivamente útil, ejemplo de ello es la música pasada de decibelios, o los gritos, o sonidos o ruido de la moledora de café. Por otro lado encontramos las palabras de ánimo pronunciadas por voces familiares o anónimas.
La dirección: Es donde dirigimos nuestra atención y tiene dos puntos de origen: interna y externa. La interna corresponde a nuestras propias sensaciones y pensamientos (vamos perdiendo, tengo que acertar…), mientras que la externa se centra en los estímulos proveniente de lo que nos rodea (el tipo que está gritando, el que arrastra las mesas, el volumen de la tele cuando llegan los anuncios, la puerta que chirría…).
Pues bien, partiendo del modelo teórico de Nideffer llevo a la práctica el aprendizaje para adquirir una técnica que me permita mantener la concentración única y exclusivamente enfocada a la tarea que en ése preciso instante estoy realizando, y no es ni más ni menos que la de lanzar un dardo.
Puede parecer impropio de un aficionado a los dardos, pero empiezo mis sesiones de auto-entrenamiento cuando más lleno está el local, a poder ser con la retransmisión de un emocionante partido de fútbol, y si hay fiesta, mucho mejor. Procuro llevarme el reproductor de mp3, pero no con música, sino con el audio del último debate en el Congreso de los Diputados. Le digo a mi mejor amigo que mientras esté tirando que me explique lo bien que se lo pasó en el último campeonato; le digo al barman que por mí se puede poner a moler tres kilos de café; que hablen o griten… a mí me da igual. Lo menos importante es pinchar un triple en ese momento, ya llegará. Lo más importante es entrenar mi capacidad de concentración, con el tiempo cosecharé los frutos. Y con el tiempo, la cosecha fue buena.
Ahora entiendo perfectamente a un famoso jugador de tenis del que se decía que entrenaba visualizando una pelota tenis durante un tiempo indefinido sin quitarle la vista encima. La pelota la situaba encima del televisor mientras emitían su programa favorito, y quien sabe sin con otro más excitante capaz de acaparar todos los sentidos de un ser humano. Donde se encuentre una buena concentración, que se quite lo supérfluo.
Entrenate, Concéntrate, Juega y Disfruta.
¡buena partida!
Miguel Angel

